Capítulo 1. Donde todo empieza.

-        Adam, Adam, despierta. Vamos a llegar tarde.

-        Vale, ya voy, ya voy.

Son las 11:30 de la mañana, hoy se me han pegado un poco las sábanas, pero he de decir que ha sido culpa del insomnio, que ha decidido venir a visitarme. Se me olvidaba que anoche quedé con mi compañera de piso en ir a buscar a su hermana a la estación, que venía a pasar unos días a casa. Tengo que dejar de hacer promesas a partir de las dos de la madrugada, de las cuales acabo siempre arrepintiéndome por la mañana. Su hermana llega dentro de dos horas, pero mi querida compañera es un poco maniática de la puntualidad y siempre quiere llegar una hora antes al sitio, cosa que yo siempre veo absurda. Me ducho, desayuno, recojo mi habitación y me visto. Sudadera, camiseta, vaqueros caídos, zapatillas DC, colonia de Hugo Boss y mis Ray-Ban colgadas de la camiseta.

Tengo aún tiempo de sobra hasta que haya que salir. Enciendo el portátil, reviso el correo, esperando buenas noticias que nunca llegan. Leo la prensa, para saber qué ha ocurrido en el mundo y llegar a la conclusión de siempre, el mundo sigue siendo un asco. Entro en Facebook, y solamente una fastidiosa invitación a un juego, que rechazo instantáneamente. En el móvil tampoco hay nada, ni llamadas, ni un mísero mensaje de publicidad de mi operadora. Definitivamente, esta mañana no la recordaré por estar muy solicitado socialmente.

Mientras espero que mi compañera termine de arreglarse, pongo música. Suenan alto The Killers, los vecinos son personas mayores, y los pobres no tienen ya mucha capacidad auditiva, lo que es una ventaja a la hora de poner música y montar fiestas en casa. Mi compañera pasa por delante de la puerta de mi habitación, corriendo, con una toalla enrollada en la cabeza y otra en el cuerpo. Ya he llegado acostumbrarme, ya ha pasado un año conviviendo con ella, pero al principio no puedo negar que no la seguía con la mirada. Se llama Dafne, pelo liso y largo rubio, ojos claros increíbles, el tipo de chica que siempre me ha gustado. Agradable, simpática, inteligente, estudia y trabaja, pero como todas, tiene sus manías.

Bueno parece que la señorita está lista, y por fin podemos ir a recoger a su hermana, de la que pocas veces me ha hablado. Hace buen día, da gusto pasear con este tiempo. Si es como dice que es, me espera un terremoto en casa. Llegamos a la estación y tras esperar más de media hora sentados, la megafonía anuncia la llegada por el andén tres del esperado tren. Y ahí estaba ella, con su maleta gigante con ruedas, las cuales hacían un ruido que parecían pedir clemencia por llevar exceso de peso. Después de fundirse en un abrazo y unos pequeños gritos de niñas adolescentes al ver a su cantante favorito, se acercan a mí.

-        Mira Adam, esta es mi hermana, se llama Carol

-        Encantado Carol, un placer conocerte

-        Lo mismo digo Adam, mi hermana me ha hablado mucho de ti, y muy bien por cierto jajá

-        Me alegro, pero seguro que tu hermana exagera, como siempre jajá. Bueno que os parece que deje ese maletón en casa, y mientras os vais poniendo al día, y ahora os llamo para tomar algo.

-        Oh, muchas gracias Adam

-        De nada, bueno ahora nos vemos

-        De acuerdo, muchas gracias de nuevo.

El camino de vuelta a casa, mejor olvidarlo, la gente me miraba al pasar. Una maleta rosa enorme, que pesaba más que yo, y en la que creía que habría piedras procedentes de una mina o un par de cadáveres Menos mal que mi casa no estaba muy lejos de la estación y la humillación no fue excesiva. Llego a casa, dejo la maleta en el cuarto, y voy a buscar mi recompensa a la nevera, una cerveza fría, me lo tenía merecido por ser un buen chico.

Vaya, estoy aquí contando mi vida y ni siquiera me he presentado. Me llamo Adam, tengo 23 años y soy estudiante. Ahora mismo, no puedo decir que pase por mi mejor momento, ni mucho menos, de hecho es una época un tanto confusa para mí. Hace tiempo que lo he dejado con mi novia, y aunque han pasado meses, sigue resultándome raro, pero no quiero ponerme melancólico ahora, es una historia que ya os contaré en otro momento. Es hora de llamar a las hermanas y ver qué hacen.

-        Rubia, ¿dónde estáis?, que salgo ya de casa

-        Estamos en mi bar, te esperamos aquí ¿vale?

-        De acuerdo, ahora nos vemos

Doy el último buche a la cerveza, cojo las llaves y cierro la puerta. Bajo por las escaleras y me encuentro a mis vecinos, la pareja de ancianitos adorables que todos querríamos que fueran nuestros abuelos. Están un poco sordos y mantener una conversación coherente es difícil, siempre intento concentrarme al hablar con ellos, pero creo que entenderlos sigue siendo mi asignatura pendiente. Me aventuro a preguntarles qué tal están, lo que me introduce en un bucle absurdo de frases sin sentido…

Publicado el 9 abril, 2011 en Ab Aeterno. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Es el principio de una historia, que ya ire revelando capítulo tras capítulo. Esta es el principio y como todos los principios, siempre suele dejar algo que desear, pero lo mejor está por venir…

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